domingo, 17 de noviembre de 2013

Islandia – De Hella a Húsey

En mi última entrada sobre Islandia me quede en Hella, adonde llegamos tras no poder ir a nuestro siguiente lugar en la ruta planificada. Es lo que tienen los viajes, que a veces te encuentras con sorpresas inesperadas. De hecho, al día siguiente, de nuevo nos ocurrió lo mismo, y no pudimos visitar el siguiente sitio de nuestra lista (Þórsmörk), porque la carretera, de nuevo de montaña, estaba intransitable por el cruce de muchos ríos con demasiado caudal. Así que continuamos con nuestra ruta saltándonos esta parada. Hoy os voy a contar lo que hicimos en las siguientes jornadas, hasta que llegamos a Húsey, en el norte de los Fiordos del Este.


Tras dejar Hella, y camino todavía de Þórsmörk, hicimos una breve parada en la granja y la iglesia de Keldur, con los característicos techos cubiertos de turba. 

                                                                                                    Keldur

Tras esta breve parada, fuimos a ver dos cascadas: Seljalandsfoss y Gljúfurárfoss. La primera, bastante conocida, se ve desde la carretera principal de la isla, la que sigue todo en mundo, y por tanto suele estar llena de turistas. A pesar de ello merece la pena parar, porque además de su belleza, es de destacar el pasadizo que hay detrás de la cascada, por el que se puede andar mientras las gotas de agua te mojan lentamente.

                                                                                               Seljalandsfoss 




La segunda cascada, Gljúfurárfoss, está a tan solo 200/300 metros de la primera, pero está oculta y el sendero se corta poco antes de llegar a su entrada. Además, la cascada está en un gruta a la que se entra saltando de piedra en piedra por el agua, por lo que seguramente mucha gente decide no entrar a verla. Al ser pocos los visitantes que se acercan hasta ella, tiene un encanto más especial. Si vais a Islandia no os la perdáis. Aquí podéis ver un par de fotos de esta maravilla oculta.


                                                                                       Gljúfurárfoss

Después de visitar estas dos cataratas intentamos seguir hacia Þórsmörk, hasta que llegamos a un río con demasiada agua y no pudimos continuar. Nos dimos la vuelta y decidimos seguir hasta el parada de nuestra ruta: el pueblo de Skógar, con su cascada Skógafoss. Este es el sitio que os he comentado en posts anteriores, donde se puede dormir en un camping al lado de la catarata, escuchando el estruendo del agua al chocar contra el fondo. La catarata es de las más bonitas de Islandia, pero a mi lo que más me gustó del sitio fue el paseo que se puede hacer siguiendo el curso del agua río arriba. Siguiendo esta ruta a pie, es posible también llegar hasta Þórsmörk, pasando entre dos glaciares y disfrutando de vistas impresionantes. Lamentablemente nosotros no pudimos seguir toda la ruta a pie, pero a pesar de ello merece la pena andar por el sendero. Las vistas del río y del cañón en que está encajonado son dignas de ver.

                                                                                                     Skógafoss






Pasamos la noche en el camping de Skógar, y a la mañana siguiente seguimos camino hacia el pueblo de Vík, otra parada turística obligada. Por el camino paramos en Sólheimajökull, Dyrhólaey y Reynisfjara.

Sólheimajökull es una lengua del glaciar Mýrdalsjökull a la que se puede acceder por un sendero desde el parking del glaciar. Es un sitio bonito, aunque me decepcionó bastante que el glaciar estuviera tan sucio (debido a las cenizas volcánicas de las últimas erupciones).

                                                                                                   Sólheimajökull 



Dyrhólaey, a 10 kms al oeste de Vík, es un arco de piedra que emerge de los acantilados de Vík. El promontorio es una reserva natural particularmente rica en aves. Allí fue donde vimos nuestro primer frailecillo, aunque no disfrutamos mucho de las vistas porque había una niebla espesísima.

Después de esta parada, nos dirigimos hacia la conocida playa de Reynisfjara. Esta playa de arena volcánica negra tiene en uno de sus extremos un acantilado formado por columnas basálticas que parecen un órgano gigante. Es un sitio precioso, y si se tiene la suerte de no cruzarse con muchos turistas (nosotros la tuvimos), parece respirarse una tranquilidad propia de otras épocas.

                                                                                                             Reynisfjara



Después de la playa nos dirigimos hacia Vík. Nuestra idea inicial era subir al acantilado a disfrutar de las vistas, pero la niebla que nos había acompañado en las últimas horas se hizo más espesa si cabe, así que decidimos esperar comiendo en uno de los restaurantes que recomienda la Lonelyplanet: Halldorskaffi. El servicio fue excelente, y la comida (salmón y carne de cordero) deliciosa.

Después de la comida, y a pesar de que seguía habiendo mucha niebla, decidimos subir al acantilado con el coche. Pasamos un poco de miedo, porque la carretera, de grava y muy muy empinada, se las trae. Cuando llegamos arriba tuvimos la suerte de que empezó a despejar, y además estábamos solos, así disfrutamos de unas alucinantes vistas del pueblo, de Reynisfjara y, esta vez si, del arco de Dyrhólaey al final de la playa negra.


                                                                                           Acantilados de Vík



Aún era temprano (o eso parecía, con eso de que no se hace de noche!), así que dejando atrás Vík y atravesando el bonito campo de lava de Eldhraun, que está cubierto en su totalidad por musgo, tomando un desvío a la izquierda llegamos a Fjaðrárgljúfur, un cañón impresionante y muy poco visitado por el que se puede seguir un sendero con vistas muy muy bonito. Después de esta parada nos dirigimos al pueblito de Kirkjubæjarklaustur, donde visitamos la cascada de Systrafoss y  las curiosas columnas basálticas a ras de suelo de Kirkjugólf, y pasamos la noche en el camping. El camping está muy muy bien, con baños limpios y amplios y cocina totalmente amueblada. El único problema fueron las cientos de sandflies que pululaban por la zona de acampada y atacaban sin piedad.

                                                                                                         Eldhraun

                                                                                                                   Fjaðrárgljúfur

                                                                                                     Kirkjugólf

Al día siguiente partimos camino del PN de Skaftafell, disfrutando de las vistas del gran desierto de arenas negras de Skeiðarársandur, y parando en la pequeña iglesia de Núpsstaður. Esta iglesia, típica islandesa con el tejado de turba, estaba antes en las rutas turísticas, pero el dueño (está en una finca privada) ha decidido quitar las indicaciones para no ser molestado, así que si no se busca atentamente es fácil perdérsela, y es una pena porque es muy bonita.



La visita al PN de Skaftafell, donde hay unos cuantos senderos que se pueden recorrer en varias horas, me decepcionó un poco. Llegamos hasta la cascada de Svartifoss, y también hasta una lengua del glaciar Skaftfellsjökull.

                                                                                                   Svartifoss

Tras la visita al Parque Nacional, llegamos a una de las highlights del viaje, que nos hizo olvidar la pequeña decepción de Skaftafell: la laguna de Jökulsárlón, donde cientos de pequeños icebergs flotan a la deriva frente a la lengua del glaciar. Un secreto: antes de llegar a la famosa (y muy turística) laguna, hay una desviación a la izquierda para ir a otra laguna. Las vistas son casi iguales, y se puede disfrutar de mayor tranquilidad porque casi todos los turistas pasan directamente a la laguna de Jökulsárlón, que se ve desde la carretera.


                                                                                                 Jökulsárlón


Después de esta super visita, terminamos la noche en el hostel de Vagnsstaðir, uno de los mejores de la ruta, situado en una granja al lado de la Ruta 1, con todas las comodidades y buenas vistas del glaciar.

Nuestro destino del día siguiente eran los Fiordos del Este. Por el camino paramos en el pueblo de Höfn, que en mi opinión no tiene mucho y nos podríamos haber saltado, y en el pueblo de Djúpivogur, con mucho más encanto. Tras varias horas de conducción, fuimos atravesando, entre otros, los fiordos de Berufjörður y Neskaupstaður, hasta que llegamos al pueblo de Neskaupstaður, donde nos esperaba un paseo por la recomendable Reserva Natural de Folksvangur Neskaupstaðar, con bonitas vistas del fiordo.






La verdad es que los fiordos me parecieron muy bonitos, pero cansa un poco conducir tantas horas por esas sinuosas carreteras donde al cabo de unas horas todo parece un poco igual. Una de las cosas que más me gusto de esta ruta fue una casa deshabitada que encontramos en el camino, de madera, muy bonita y bien conservada, con el mar al fondo y las montañas al lado. Es una pena que alguien abandone un lugar así, pero no es el único que vimos.

Aunque pensábamos dormir en Seyðisfjörður, cuando vimos el tamaño del pueblo, bastante más grande de lo que esperábamos, decidimos continuar y terminamos el día en el camping de Skipalaekur, donde fuimos los únicos hospedados.

Al día siguiente visitamos el lago Lögurinn (o Lagarfljót), donde se supone que habita un legendario monstruo. La visita nos decepcionó un poco, porque ninguna de las paradas planeadas nos pareció de especial belleza: Skriðuklaustur (un antiguo monasterio del que se conserva un edificio reformado bastante bonito pero escasamente digno de mención) , Hallormsstaðarskógur (el bosque más grande de Islandia, en nuestra opinión, demasiado pequeño...) y la cascada de Hengifoss. Esta ultima si podría haber sido una buena parada. A la catarata (de 118 metros de altura) se llega por un sendero en el que hay que andar casi una hora. Lamentablemente a mitad del sendero hay que cruzar el río a través de un puente que estaba cubierto de agua, así que no pudimos llegar hasta la catarata y solo la apreciamos en la distancia. Por suerte el paseo no fue en balde y por el camino pudimos disfrutar de la cascada Litlanesfoss, también muy bonita.  
Tras las algo decepcionantes paradas, continuamos hacia Húsey, una granja-hostel MUY aislada donde íbamos a pasar la noche. Antes de llegar nos desviamos hacia Borgarfjörður Eystri, un aislado pueblo de los fiordos donde tienen una de las colonias más grandes de frailecillos (Hafnarhólmi). Fuimos hasta allí por los pájaros, y por sorpresa nos encontramos con una de las rutas en coche más bonitas que hicimos en Islandia, atravesando planicies con pequeños lagos y una carretera de montaña con unas impresionantes vistas de los fiordos. Creo que además tuvimos mucha suerte, porque brillaba el sol y el contraste de los colores (sobre todo el verde brillante y el azul) eran espectaculares. Aquí os dejo unas fotos para que los juzguéis vosotros mismos.

                                                                           Cascada de Litlanesfoss con la Hengifoss al fondo

                                                                                           De camino a Borgarfjörður Eystri




Después de la visita a la colonia de frailecillos de Hafnarhólmi, volvimos por la misma ruta hacia la granja de Húsey, una muy agradable sorpresa por su recibimiento y localización. A pesar de estar en un punto muy aislado, y precisamente por eso, el hostel es uno de los mejores en los que estuvimos en Islandia. Además la granja, aún en funcionamiento, es de caballos de raza islandesa, y ofrece excursiones por la zona que merecen mucho la pena. Si queréis montar a caballo en Islandia, venid a esta granja...

Con esta entrada tan larga me he desquitado por no haberos escrito nada en toda la semana. He empezado un trabajo nuevo y tengo muchísimo menos tiempo! Espero que lo que os he contado os sirva de ayuda. Disfrutad de las fotos!!


“Si no escalas la montaña, jamás podrás disfrutar el paisaje”. Pablo Neruda.

1 comentario:

  1. Hola!! Me gustaría saber como llegasteis al acantilado que comentáis aquí:

    Después de la comida, y a pesar de que seguía habiendo mucha niebla, decidimos subir al acantilado con el coche. Pasamos un poco de miedo, porque la carretera, de grava y muy muy empinada, se las trae. Cuando llegamos arriba tuvimos la suerte de que empezó a despejar, y además estábamos solos, así disfrutamos de unas alucinantes vistas del pueblo, de Reynisfjara y, esta vez si, del arco de Dyrhólaey al final de la playa negra.

    Gracias.
    Un saludo

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