viernes, 27 de diciembre de 2013

Alice Springs y el Outback australiano

En uno de mis últimos posts os dije que hoy os contaría por qué para mí había sido tan especial mi visita a Alice Springs. La semana pasada fue 15 de diciembre de 2013, día de mi aniversario con mi novio Raphael, mi alma gemela. Le conocí hace 6 años en un tour en Alice Springs, por eso ese sitio es tan especial para nosotros. Pero no sólo por eso, Alice Springs y el desierto australiano es uno de los mejores sitios que he visitado nunca. Os voy a contar la historia completa, con los sitios visitados y mi historia con el suizo (como le llamaba al principio).




Hay muchas posibilidades de visitar el outback australiano, y una de ellas es alquilar o comprar una caravana y atravesarlo. Esta era mi primera opción, pero tras una extraña experiencia que ya os contaré en otra ocasión, decidí dejarlo y volar hasta Alice Springs (el corazón del desierto australiano) y desde allí hacer un tour. Contraté mi tour desde Melbourne, en las oficinas de Peter Pans Australia (http://www.peterpans.com.au/), el mejor lugar para organizar viajes del país, por su calidad, atención, comparación de precios...

Después de barajar varias opciones me decidí por el tour de tres días que ofrecía visitas a los lugares más importantes de la zona: Uluru (Ayers Rock), Kings Canyon y The Olgas. El alojamiento a la llegada y a la vuelta del tour era en Annie’s Place, un hostel muy chulo con piscina y un buen bar con mucho ambiente. Y las dos noches incluidas en el tour íbamos a dormir en el desierto, bajo un techo de estrellas  ¿Se puede pedir algo mejor?

Alice Springs tiene una buena oferta de cosas para hacer, además de ser el punto de entrada al desierto australiano. Se pueden visitar muchos talleres de artesanos aborígenes, se puede aprender a tocar el Didgeridoo (el famoso intrumento australiano), visitar el muy recomendable Centro de Rèptiles (http://www.reptilecentre.com.au/), en el que te dejan coger serpientes y varios tipos de lagartos... hay gran variedad de cosas para hacer que no os podéis perder. 

 Reptil Center

 Parecen de mentira ¿verdad? Pues son reales, y tienen una mala hostia! Te atacan si te acercas al cristal

Intentando aprender a tocar el Didgeridoo 


Comenzando ya con mi viaje, desde el hostel vinieron a recogerme al aeropuerto. De camino al hostel la chica que me recogió empezó a hablarme maravillas del tour que iba a empezar al día siguiente. Y de pasada me comentó que que suerte, que en mi tour había un chico suizo guapísimo... y yo me quedé con la copla.

Esa noche en el hostel compartí habitación (o cuchitril, más bien) con 5 chicas más, entre ellas una francesa y una taiwanesa que también iban a hacer el tour. Como las tres íbamos solas, nos juntamos en grupito. Les conté lo que me había dicho la que me había recogido, y a la mañana siguiente mientras desayunábamos marujeamos un poco a ver quién era el suizo...

No sé como será ahora, pero entonces hicimos el tour en un minibus muy chulo pero bastante incómodo, lo que le resta puntos al tour si se tiene en cuenta que las distancias a través del desierto son muy largas y se pasan bastantes horas dentro. En el año 2007 yo pagué 300 dolares, y he visto que ahora los tours cuestan unos 600, así que espero que al menos hayan mejorado la calidad del bus!

El tour dura tres días porque se va a visitar los tres puntos más importantes de la zona, que están bastante alejados entre sí. El primer día se visita Kings Canyon, dentro del Watarrka National Park, un impresionante cañón parte del cual es una zona sagrada para los aborígenes australianos.

Dentro del cañón se pueden realizar varias rutas a pie, las más asequibles de entre 1 y 4 horas de duración. Nuestro guía nos llevo por la más larga, que pasa por puntos como “Heartbreak Hill”, un mirador en lo alto del cañón con unas impresionantes vistas de la zona. El sitio es espectacular, pero la subida a casi 40° se hace muy dura. Aproximadamente a mitad de camino un pequeño descenso lleva hasta una poza de aguas heladas que se conoce como “Jardín del Eden”, seguramente porque después de la caminata a pleno sol sumergerte en las aguas heladas te hace sentirte como si estuvieras en el paraíso... Casi todos los del grupo nos bañamos con la ropa puesta, para estar más frescos en el resto del camino (la ropa se secó en menos de media hora!!).





Esa primera noche fuimos con el bus hasta un punto en medio de la nada (no es difícil allí) para acampar. Antes que nada hicimos una hoguera enorme, y a su alrededor preparamos la cena (chili con carne). Después de la cena el guía (un sudafricano muy majo que había acabado haciendo de guía en Australia por casualidad) repartió los sacos de dormir y una especie de cobertores de plástico y nos dijo que esa noche podíamos dormir donde quisieramos de los alrededores. Yo me fui lo más lejos que pude de la hoguera (alrededor de la que se quedaron casi todos) para intentar vivir la experiencia en el desierto lo mejor posible. Fuimos pocos los que no alejamos solos, supongo que la mayoría tenía algo de respeto a dormir en medio del desierto sin protección. Allí tirada, bajo un impresionante cielo estrellado y escuchando los sonidos nocturnos del desierto (que los hay), me costo poco quedarme dormida, aunque antes conté un montón de estrellas fugaces...

Ese día no había hablado nada con el suizo. Resulta que era (y es) el chico más tímido del mundo y no hablaba con casi nadie. Pero al día siguiente coincidimos en un par de paradas del autobus y nos pusimos a hablar. Fue así como empezamos a hacernos un poco amigos.

En este segundo día llegamos al Parque Nacional Uluro-Kata Tjuta (o lo que es lo mismo, traducido al inglés, Ayers Rock y The Olgas). Lo primero que vistamos fue The Olgas, en un trekking muy bonito, bastante diferente al del día anterior. La zona está compuesta por un grupo de formaciones rocosas espectaculares, de color rojizo, entre las que hay varios recorridos para hacer a pie. De nuevo andamos durante unas tres horas bajo un sol abrasador, aunque ese día no había un Jardín del Edén esperándonos al final. La visita es increíble y verdaderamente merece la pena, pero hay una cosa muy molesta: las moscas, que no te dejan en paz ni un segundo. Es una especie de mosca muy agresiva, que ataca las mucosas, así que intentan meterse en los ojos y la nariz todo el rato. Una pesadilla!




Después de nuestra visita a The Olgas, llegamos por fin al Uluru, Ayers Rock, el punto culminante de toda visita al desierto australiano que se precie. El Uluru es una formación rocosa de arenisca, uno de los monolitos más grandes del mundo, con más de 348 metros de alto, 9 kilómetros de contorno y 2,5 kilómetros bajo tierra. El lugar, que es Patrimonio de la Humanidad desde 1987, es además sagrado para los aborígenes (The Olgas también lo es).

Lo primero que visitamos aquí fue el Centro Cultural Aborigen, muy interesante. De ahí nos fuimos a hacer algunos senderos cortos al pie del Uluru, entre ellos el Kuniya Walk, que están salpicados de algunas pinturas aborígenes. Me reí un montón, porque mi amiga taiwanesa (la que conocí en el hostel el primer día) sabe algunas palabras en español, y me estaba preguntando como se deletreaba la palabra puta, y justo cuando se lo estaba diciendo llegamos a un lugar sagrado para las mujeres aborígenes que se llama... MALA PUTA!!







Por la tarde, poco antes del atardecer nos fuimos a ver el famoso atardecer en Ayers Rock. La superficie del monolito cambia de color según la inclinación de los rayos solares, tanto a lo largo del día como en las diferentes estaciones del año. Es particularmente conocida la imagen de Uluu al atardecer, cuando se vuelve de un color rojo brillante. Esta escena tan famosa se puede ver casi siempre, sólo algunos días del año el cielo aparece cubierto de algunas nubes y no se puede ver el color rojizo... bueno, yo estuve allí uno de esos días L.

Mientras, con el suizo... hacíamos progresos en nuestra amistad, y hablábamos de mil cosas que teníamos en común. Pero nada más. Pero para mí eso ya merecía la pena, porque en sólo un par de días descubrí a una persona maravillosa.

Esa noche cenamos a los pies del Uluru, y por la noche tuvimos que dormir en el resort del Uluru, porque hubo una tormenta de arena, y después llovió. Al día siguiente recorrimos la base del monolito a pie rodeándolo antes de iniciar el largo camino de vuelta hasta Alice Springs. Otra opción del tour para ese día era subir al Uluru. Está permitido, aunque a los aborígenes no les gusta porque es su roca sagrada, así que en la base donde empieza el camino de subida te piden encarecidamente que lo olvides. Además la subida puede ser muy peligrosa, y ha habido algunos accidentes mortales. Cuando sopla algo de viento no se permite el acceso y debido a la tormenta de la noche anterior, soplaba el viento, así que ese día no se permitía la subida. 

Tras el increíble tour por el desierto nos esperaba otra noche en Annie’s Place. Para celebrar el tour, varios del grupo nos tomamos unas cervezas en el bar del hostel. Entre ellos estaba mi suizo. No pasó nada, pero nos tiramos toda la noche hablando de mil cosas, hasta que nos echaron del bar porque cerraban. Antes de eso el resto del grupo se había ido yendo poco a poco... Seré una cursi, pero creo que esa noche en la que no pasó nada entre nosotros, nos terminó de unir, y la siguiente vez que nos encontramos (en Melbourne) pasamos a ser más que amigos. Mi visita a Alice Springs y el tour en el desierto quedó grabado para siempre en mi mente y en mi corazón.

¿Os ha gustado mi historia? Seguro que al menos podréis disfrutar de las fotos que os he dejado, un recuerdo de una de las mejores excursiones de mi vida. Australia es un país mágico, no dejéis de visitarlo!


“El viaje de aventurarse a amar, a querer, a arriesgarse, es el viaje que más vale y el que menos vemos”.

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