domingo, 26 de enero de 2014

Islandia - Reykjavík

Después de un mes de abandono, aquí me tenéis de vuelta. Entre las Navidades, una visita familiar en Suiza, el curro, mi cumple... pues no he tenido tiempo para escribir. Pero estoy de vuelta y con ganas de contaros más cosas sobre mis viajes.
Nos quedamos en Reykjavík, acabábamos de llegar a la capital islandesa después de un increíble tour recorriendo los rincones más bonitos del país. A pesar de que habíamos leído maravillas de la capital, yo llegaba con la idea en mente de que no iba a ser un sitio muy bonito; más que nada era conocida por su vida nocturna, no por su belleza. Y he de reconocer que me sorprendió gratamente, de hecho me encantó.

Es una ciudad grande comparada con el resto de poblaciones del país; pero comparada con otras capitales europeas es pequeña. El centro, donde están casi todas las atracciones turísticas, tiene un encanto especial con sus casitas de colores y sus callejuelas llenas de bares cool.
Lo primero que hicimos al llegar fue ir a nuestro hostel, el Downtown Hostel de HI. El edificio no es muy bonito (sobre todo si lo comparas con la mayoría de los otros hostels donde nos fuimos alojando a lo largo y ancho de Islandia), pero el hostel está genial. Las habitaciones son confortables y muy limpias (y por una vez tienen persianas!!), tienen wifi en todo el edificio, la atención del personal es impecable, la cocina está bien provista, el desayuno está incluido y es bastante bueno... Vamos, que hicimos una buena elección. Creo que lo mejor de todo es su ubicación, en pleno centro, a 5 minutos a pie de la zona que hay que visitar.
Reykjavík no es una de esas capitales europeas al estilo de Roma o París, donde hay mil cosas para visitar y si vas solo dos días parece que no has ni siquiera arañado la superficie de la ciudad. La capital islandesa es más pequeña y no tiene tantas atracciones. Lo maravilloso de visitarla es pasearla tranquilamente apreciando sus casas de colores, su arte callejero, sus tiendas de artesanía y, por supuesto, sus bares. Nosotros además tuvimos la suerte (bueno, lo hicimos a propósito) de estar en la ciudad el 17 de junio, Día de la Independencia para los islandeses, en que se conmemora la separación del país de Dinamarca mediante desfiles, conciertos y todo tipo de actividades.



El edificio que más turistas atrae es su curiosa catedral, Hallgrímskirkja, una inmensa iglesia de color blanco que se asemeja mucho a un órgano gigante inspirado en las columnas volcánicas de basalto que se pueden encontrar en tantos parajes naturales islandeses. Su interior es bastante sobrio, aunque merece la pena entrar a echarle un ojo. Si tenéis tiempo y ganas también podéis subir a la torre de la catedral para disfrutar de unas buenas vistas de la ciudad.

Cerca de la iglesia de Hallgrímskirkja nosotros descubrimos un pequeño jardín con esculturas de Einar Jonsson, un artista islandés de finales del siglo XIX, que nos encantó y que os recomiendo encarecidamente. Está al lado de la iglesia, abierto al público y gratuito. Las esculturas son muy bonitas, en un curioso estilo sobre temas espirituales y mitológicos.

Otra de las visitas obligadas es el antiguo puerto de la ciudad, también a tiro de piedra del centro. Allí podréis apreciar barcos de pescadores y también algunos barcos de la armada. A la orilla del mar se puede descubrir además el impresionante edificio de la opera (Islenska Operan), un edificio compuesto por cientos de ventanas con cristales de colores. Merece una visita tanto por fuera como por dentro (se puede entrar a verlo sin tener que asistir a ningún espectáculo).



Otra de las zonas de la ciudad que no os podéis perder es el Tjörnin (The Pond), un pequeño lago en pleno centro de la ciudad, donde se puede disfrutar de un tranquilo paseo disfrutando de las vistas de los edificios que rodean al lago, como el Ráðhús o Ayuntamiento o la Dómkirkjan, verdadera catedral de la ciudad.

También os recomiendo que visitéis la zona de galerías de arte (cuyas obras quedan fuera del alcance de nuestro bolsillo pero que merece la pena apreciar). Paseando por los rincones de la parte antigua de la ciudad también podéis descubrir estupendas muestras de arte callejero; los graffitis que se pueden encontrar en algunas plazas (y de los que la ciudad se muestra orgullosa) son dignos de admiración.



Algo muy típico que hacer en la capital es ir de compras. En teoría tienen todo lo que puedas encontrar en el resto del país, así que si  en algún punto del viaje perdisteis la oportunidad de comprar algo, no os preocupéis, en Reykjavík lo vais a encontrar. Sin embargo a mi todo me pareció mucho más caro. El mejor sitio donde encontrar de todo y a buen precio es en el Kolaportið Flea Market, un mercado de segunda mano pero también de cosas nuevas, situado en un edificio industrial al lado del puerto. Sólo se celebra los fines de semana, pero realmente merece la pena. Os pongo un ejemplo: Nosotros queríamos comprar un jersey de lana de oveja, los típicos islandeses. Son carísimos en todas partes (130 euros no te los quita nadie); pero si los compráis en el mercado en lugar de en una tienda, se lo compráis directamente al productor, con lo que además de ahorraros un dinero (por lo menos 60 euros), ayudáis a la economía local.
Y llegamos por último a la noche de Reykjavík, famosa mundialmente. La capital islandesa está llena de bares de diferentes estilos, pero todos interesantes. Salir por la noche en Reykjavík es una parte más del turismo obligatorio de la ciudad. Lo normal es recorrer varios bares para poder apreciar los diferentes estilos y observar la “fauna” de la ciudad (y no lo digo con mala idea, pero es curioso observar el tipo de personas que van a cada bar). Por supuesto es obligatorio beberse un par de pintas de cerveza islandesa. Y no os preocupéis, si os habéis quedado sin dinero con las últimas compras del día, en todos los bares está permitido pagar con tarjeta, aunque sea solo una bebida. Hay cientos de bares, y cada persona os recomendaría el suyo preferido. Yo os voy a decir los tres que más me gustaron a mi:
- Lebowski, un bar cuya estética setentera y de bolos está basada en la famosa peli de los hermanos Coen. Personalmente fue el que más me gusto, por la música, la estética, los precios, la mini oferta de comida (hamburguesas a muy buen precio) y la gente. http://lebowski.is/En/index.html

- Kaffibarinn. Situado en una antigua casa islandesa, con un símbolo del metro de Londres a su entrada. Este bar, que es uno de los más cools de la ciudad, ofrece buena música pinchada por un DJ. Sentados en una mesa pudimos ver como se paseaba una variada gama de personajes con las más estralafalarias ropas que he visto en mucho tiempo. http://www.kaffibarinn.is/

- Harlem, otro de los mejores bares. Aquí toda la gente bailaba al ritmo de música ochentera y algo de house. Las paredes del bar están decoradas con graffitis de los adolescentes de la ciudad.

Y con estos últimos apuntes sobre Reykjavík me despido de Islandia con este post. Antes de pasar al siguiente país os dejaré mi pequeña ficha técnica sobre el Islandia, en la que intentaré reunir toda los links e información que os puedan ayudar en vuestra visita.

“Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche.” (Edgar Allan Poe)

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